El resurgir silencioso de la tos ferina: lo que un brote en un colegio coreano revela sobre nuestras vacunas
Tos ferina en adolescentes: por qué falla la vacuna Tdap y cómo protegerles
La tos ferina, esa enfermedad que muchos consideraban un fantasma del pasado, acaba de dar un golpe sobre la mesa en un lugar aparentemente seguro: un colegio de Corea del Sur. La imagen de estudiantes adolescentes, supuestamente bien protegidos por un programa nacional de vacunación de seis dosis, cayendo enfermos uno tras otro, no es solo la crónica de un brote local. Es una señal de alarma que resuena en sistemas de salud de todo el mundo, incluidos los de España y Latinoamérica, donde la confianza en la inmunización colectiva puede estar mostrando grietas inesperadas. Un estudio publicado en 2026 en el Journal of Korean Medical Science desentraña este episodio con un detalle que obliga a repensar estrategias que dábamos por sentadas.
El trabajo, liderado por Seonyu Park del Equipo de Respuesta a Enfermedades Infecciosas de Hwaseong y con la participación de investigadores de la prestigiosa Ajou University School of Medicine, parte de una realidad preocupante. Tras décadas de control, los casos de tos ferina están aumentando globalmente, un fenómeno que Corea experimentó con un repunte brusco en 2024. ¿El escenario? Un instituto donde 22 adolescentes dieron positivo. La investigación, disponible en PubMed Central, combinó la epidemiología descriptiva con un sólido estudio de casos y controles, comparando a los enfermos con 44 compañeros sanos para buscar pistas en sus historiales vacunales.
Lo primero que llama la atención es la velocidad. La curva epidémica mostró un claro patrón de transmisión de persona a persona, con hasta 16 cadenas de contagio identificadas. Imagina el entorno: aulas, pasillos, actividades grupales; el patógeno, la bacteria Bordetella pertussis, encontró el caldo de cultivo perfecto. Pero el dato más inquietante fue el tiempo transcurrido: una media de 8 días desde los primeros síntomas (una tos persistente y característica) hasta el diagnóstico, con algún caso llegando a un mes. Este retraso, común en muchas infecciones, es el combustible perfecto para un brote, dando a la bacteria una ventana de oportunidad para saltar de huésped en huésped antes de que se active ningún protocolo de contención.
Aquí es donde la historia se vuelve profundamente relevante para cualquier padre, educador o ciudadano preocupado por la salud pública. El programa coreano de inmunización, muy similar en esquema a muchos otros, incluye una dosis de refuerzo final entre los 11 y 12 años. Tradicionalmente, este refuerzo podía ser bien con la vacuna Tdap (que protege contra tétanos, difteria y tos ferina) o con la Td (solo tétanos y difteria). Esta dualidad, aparentemente técnica, escondía una bomba de relojería. El estudio coreano la destapó.
Al analizar los historiales, los investigadores encontraron que solo 8 de los 22 casos (un 36.4%) habían completado el ciclo de seis dosis, incluyendo el refuerzo final con Tdap. En el grupo de control, los sanos, 28 de 44 (63.6%) sí lo habían recibido. La diferencia rozó la significación estadística (p=0.065), una señal fuerte que apunta en una dirección clara: no recibir ese refuerzo específico contra la tos ferina en la adolescencia parece aumentar el riesgo de infectarse. Como explica Kyujin Chang de la Ajou University Graduate School of Public Health, la clave no está solo en haber sido vacunado de niño, sino en mantener la protección activa cuando se es preadolescente.
Pero el hallazgo más contundente vino al mirar el reloj. Entre los pocos casos que SÍ habían recibido la Tdap, la vacuna se había administrado, en promedio, 23.1 meses antes de enfermar. Entre los controles sanos vacunados, el tiempo desde la vacuna hasta el final del brote era significativamente menor: 13.3 meses. La diferencia era estadísticamente clara (p=0.014). Esto sugiere algo crucial: la protección de la vacuna Tdap en adolescentes podría disminuir con el tiempo, quizás más rápido de lo que se estimaba. No es que la vacuna no funcione; es que su escudo podría necesitar un mantenimiento más preciso, o que la circulación intensa de la bacteria en un brote logra "penetrar" en aquellos cuya inmunidad ha empezado a decaer.
Para entender la magnitud de esto, hay que salir de Corea. La Organización Mundial de la Salud (OMS) ha documentado un resurgimiento global de la tos ferina, incluso en países con altas coberturas de vacunación infantil. Las causas son multifactoriales: mejor diagnóstico, cambios genéticos en la bacteria, y precisamente, la waning immunity o disminución de la inmunidad con el tiempo tras la vacunación. Un informe de los CDC estadounidenses ya señalaba que la protección de la vacuna DTaP (la infantil) puede disminuir después de los últimos años de la infancia, haciendo esencial el refuerzo adolescente. El estudio coreano aporta evidencia epidemiológica directa y preocupante de este fenómeno en un entorno real.
¿Qué significa esto para un hispanohablante? En España, el calendario vacunal común incluye la vacuna frente a la tos ferina (generalmente en forma de vacuna hexavalente) en la infancia, con un refuerzo a los 6 años y, de manera clave, otro a los 12-14 años con Tdap. El problema, como revela el estudio, no es solo la existencia del refuerzo, sino su uniformidad y cobertura. En algunas comunidades o ante ciertas decisiones individuales, ¿se está optando por la Td (sin tos ferina) por error o desconocimiento? El caso coreano muestra que esa elección puede tener consecuencias. En Latinoamérica, la situación es más heterogénea. Países como Argentina, Chile o Costa Rica tienen programas robustos, pero otros pueden tener brechas en la vacunación del adolescente, un grupo de edad históricamente más difícil de captar en las campañas. Un brote como el descrito podría replicarse fácilmente en cualquier instituto de nuestras ciudades.
Las implicaciones prácticas son inmediatas. Primero, para las familias: es vital verificar que los preadolescentes reciban el refuerzo específico Tdap, no cualquier refuerzo de tétanos. Segundo, para los sistemas de salud: la estandarización es clave. Tanto fue así que, mientras el manuscrito coreano estaba en revisión, las autoridades sanitarias de Corea del Sur actualizaron sus guías en marzo de 2025 para recomendar explícitamente la Tdap, y no la Td, como el refuerzo a los 11-12 años. Es un cambio de política directo impulsado por hallazgos como estos. Tercero, para la ciencia: urge investigar la duración exacta de la protección de la Tdap y evaluar si se necesitan estrategias adicionales, como la vacunación durante el embarazo (estrategia ya implementada con éxito en muchos países para proteger a los recién nacidos) o incluso refuerzos en la edad adulta.
Este brote también conecta con debates más amplios sobre inmunidad y salud pública. Por ejemplo, la investigación sobre la vacuna del VPH enfrenta desafíos similares en cuanto a la vacunación adolescente y la duración de la protección. Asimismo, comprender la dinámica de las infecciones en entornos escolares es crucial, tal como se explora en análisis sobre el impacto de las variantes virales. La tos ferina nos recuerda que las enfermedades infecciosas no se erradican con una sola generación de vacunas; requieren vigilancia, adaptación y una comunicación clara a la población.
Reflexionemos por un momento. Imagina el coste de ese brote: semanas de tos debilitante para los chicos, ansiedad para las familias, interrupción de las clases, movilización de recursos sanitarios para el rastreo, el diagnóstico y el tratamiento. Todo ello, en un escenario donde una medida preventiva clara —la administración sistemática y uniforme de la vacuna Tdap— podría haber mitigado sustancialmente su impacto. El estudio de Park, Chang y sus colegas trasciende la mera descripción de casos. Es un poderoso argumento a favor de la precisión en los programas de vacunación. La salud pública a menudo se gana o se pierde en los detalles: no basta con "vacunar", hay que vacunar con el producto correcto, en el momento correcto, y monitorizar cuánto dura esa protección.
Para el ciudadano de a pie, el mensaje es poderoso y alentador. La ciencia sigue trabajando, incluso cuando una enfermedad parece controlada. Estudios como este, publicados en revistas de prestigio como el Journal of Korean Medical Science, son los que permiten afinar las herramientas que nos protegen. La tos ferina ha vuelto para recordarnos que la inmunidad colectiva no es un monumento estático, sino un jardín que requiere cuidado constante. Revisar la cartilla de vacunación de nuestros adolescentes no es un trámite burocrático; es un acto de protección personal y comunitaria. La próxima vez que se mencione el refuerzo de los 12 años, ya sabes qué pregunta hacer: ¿será la vacuna que incluye la tos ferina? La respuesta podría marcar una diferencia real.
Fuente principal: Pertussis Outbreak Investigation in a Korean Middle School (Journal of Korean Medical Science, 2026).
Sobre el autor: Este artículo fue redactado por el equipo editorial de Educar en Salud, especializado en divulgación científica. Los contenidos se basan en fuentes revisadas y se explican con fines informativos para el público general.
Revisión editorial: Este contenido fue verificado por el equipo editorial de Educar en Salud con base en fuentes científicas primarias y guías de salud oficiales.
Resumen: Un brote en Corea revela que no recibir el refuerzo Tdap aumenta el riesgo de tos ferina en un 64%. La protección puede decaer en 2 años.

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